No más EPSs

Por: Manuel Flórez Alemán

Hay «cosas» tangibles e intangibles que, en una sociedad, no digamos civilizada, sino con sólo 2 dedos de frente, no pueden estar sometidas al vaivén de la «mano invisible» del mercado, subyugadas por la ley de la oferta y la demanda, porque ni se compran ni se venden, como dice la canción de Manolo Escobar sobre el Cariño Verdadero.
Por ejemplo: la salud, la educación, el mínimo vital, el acceso al agua natural, pura y limpia y al aire puro, fresco y libre. Es decir, la vida saludable, material y espiritualmente, que tiene todo el valor del mundo pero no tiene precio.
La salud en Colombia  ha sido privatizada, desmantelada, saqueada y entregada al «peor postor» a través de la ley 100 / 93.
La oposición ha denunciado toda la vida el trato discriminatorio dado a la salud por los gobiernos de turno.
Pero la  derecha,  incluyendo a ciertas iglesias y credos, jura y perjura que la oposición miente.  Y  el pueblo le cree.
El covid – 19 ha corroborado las críticas.  La salud está deshollejada,  despellejada. En carne viva. ¡Díganle ahora al Coronavirus que miente, que es falsario!
Antes de la ley 100 / 93, existía un sistema nacional de salud dirigido por las secretarías del ramo, que manejaban los recursos, nombraban los funcionarios, hacían las auditorías, y todo al son de la politiquería, el amiguismo, el compadrazgo y el colegaje, volviendo al sistema ineficiente, corrupto, sin cobertura (23% – 28%) y sin la más mínima preocupación por la calidad.
Este sistema fracasó totalmente, no por ser público, sino por lo de siempre : no hay una estrategia de formación para servir en lo público, y los dirigentes privados malmanejan lo público para hacerlo  inservible y privatizarlo.
La ley 100 / 93 tiene como fin evitar el monopolio del Estado sobre la salud, permitiendo la competencia al incorporar empresas promotoras y prestadoras de salud. Instituye el sistema de seguridad social integral, regulando  salud, pensiones, riesgos laborales y servicios sociales complementarios;  universaliza la salud, la hace  política de Estado, aumenta  la cobertura (95.2%) y carnetiza  a todo mundo.
Crea un abanico de EPSs para organizar y fortalecer la red pública de hospitales, recibir los recursos y pagar los servicios prestados. Conforma  los fondos de ahorro y solidaridad pensional y faculta  la participación ciudadana, entre otras cosas.
Pero el sistema no evolucionó, creció la cobertura pero no la calidad,  enfatizó lo curativo y menospreció lo preventivo; y la atención tanto pública como privada «mejoró para peor».
Las EPSs, cáncer del  sistema, no pagaron los servicios prestados, se lucraron de la salud pública convirtiéndola  en negocio,  el gobierno no controló la corrupción, y se formaron carteles. Dejaron  una deuda billonaria que condujo a la crisis de la red hospitalaria pública. El abanico terminó asfixiando a la salud en lugar de airearla.
Y el covid – 19 las cogió  en cuidados intensivos, en la UCI, sin respuesta adecuada para la emergencia y con fallas en infraestructura: ni salas ni equipos; maltratando el talento humano, tercerizado, subcontratado, vinculado a término  fijo por cooperativas con contratos leoninos de pocos meses, con pagos pírricos y equipamientos de bioseguridad inadecuados.
La incapacidad para realizar pruebas y entregar los resultados en tiempo oportuno, y el desorden administrativo, hacen pensar que hay chanchullos en plena pandemia. Hay muchos  rumores  sobre enfermos y cadáveres falso-positivos de covid, sólo por cobrar más.
¡No más EPSs!
Hay que cambiar el rumbo. La salud no puede ser manejada por particulares, las EPSs deben desaparecer y el Estado fortalecer y controlar la salud que se requiere pública, universal y de calidad.
Cuando la salud es un negocio, todo falta para el pobre y todo sobra para el rico, pero siempre paga el paciente, incluso con la muerte, cuando es pobre.

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