La impotencia de ser ciudadano

Esta semana Colombia volvió a colapsar por cuenta de los diferentes paros y movilizaciones que se realizaron en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Ibagué y Girardot; cientos de miles de personas salieron a las calles para mostrar su descontento y frustración frente a la forma en la que se viene manejando el país, especialmente con las anunciadas reformas.

Puede que a usted le haya molestado y está en todo su derecho de rechazar la protesta. No obstante, desde el 28 de abril los colombianos están mostrando que es más fuerte la indignación que el miedo al contagio, que pueden más la rabia y la impotencia que se despiertan con cada decisión que afecta al pueblo, que las cifras de Covid-19 en las calles.

Contrario a lo que se muestra en muchas partes, más del 80% de las movilizaciones se desarrollaron pacíficamente. La gente salió, marchó y entre arengas y pitos le dijo al Gobierno Nacional que estamos cansados de su improvisación a la hora de gobernar. Tristemente en la mayoría de los casos se mostraron únicamente los actos de vandalismo.

Puede que usted esté indignado con el paro y sienta frustración cada que ve un grafiti o un vidrio roto, pero ¿no es más frustrante tener que gritar para que se oiga nuestra voz o salir a las calles para que rogar se cumplan nuestros derechos?, ¿no le parece que es demasiado frustrante ser un ciudadano del común y que todo el tiempo quieran desconocer sus derechos?

Es denigrante tener que rogar por atención en salud, que las EPS quieran buscar cualquier excusa en la ley para desconocer las obligaciones que tienen y no atenderlo. Es triste saber que aún en pleno siglo XXI todavía existen personas para las que el simple hecho de tener agua en su casa es un lujo o que hay lugares de este país donde, en pleno siglo XXI, la tecnología en la educación es algo impensable.

Hay un gran malestar con el ejercicio de gobierno y las decisiones que está tomado la clase política, llámese municipal, departamental o nacional, y esta no es una inconformidad reciente, sino que viene desde hace muchos años, tal vez décadas. Es mucha la impotencia que siente un ciudadano cuando le dicen que la ley no permite cuidar sus derechos, que tal vez un familiar se le está muriendo y la EPS no hizo nada malo al desafiliarlo sin avisar o que el banco está “en todo el derecho” de quitarle todo lo que tiene.

En el caso de Flandes, ¿no les da rabia saber ver libres a muchos políticos que por años robaron al pueblo y lo llevaron a la ruina?, esos mismos que se muestran como miembros de castas políticas dignas e impolutas, a sabiendas de todo lo que han tenido que hacer y pagar para estar libres. La ley que debería usarse para crear un espacio en el que todos tengamos justicia, hoy se favorece a unos pocos y por eso la gente está en las calles.

Desde el comienzo de la pandemia, en Colombia han muerto 73,720 personas por causas asociadas al Covid-19, sin embargo, (según el DANE) hoy en día hay más 21 millones de personas en la pobreza; el 42.5% de este país o se muere de hambre o se muere de Covid. Si esa cifra no le conmueve, entonces sepa que 7.4 millones de colombianos como usted o como yo, están en pobreza extrema y no pueden suplir necesidades vitales básicas, como alimento, agua potable, techo o sanidad.

Lo triste es que en medio de todo esto, los gobernantes que pusimos para que todo estuviera mejor, solo están tomando decisiones para favorecer a sus más cercanos, mientras el pueblo en las calles ruega por acciones para que todo mejore. La protesta no es un capricho y no se representa en las acciones vandálicas que muchos muestran; esto es el llamado real de muchas personas que no tienen otra salida más que gritar para que se haga justicia.

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