Funcionarios d trampolín

Por: Daniel Hernández

Sus verdaderos intereses están lejos de generar un cambio real o querer que las cosas mejoren, son personajes que aparecen para las contiendas electorales y desaparecen si no quedan elegidos. Su vida gira en torno al tráfico de favores políticos para ganar posiciones o hacerse de cargos que les permitan mostrarse de cara al futuro.

Suelen verse en puestos de directores o secretarios, pocas veces se ubican como asesores porque necesitan que su imagen crezca y posicionarse como sucesores. Estos “funcionarios de trampolín” le hacen creer a la gente que todo lo que logran con el dinero de los impuestos es gracias a ellos y se vistan de un falso altruismo, como si hubiesen llegado a salvar al pueblo de un mal que, en muchos casos, ellos mismos sembraron.

Hacen parte de dinastías y cacicazgos que solo buscan perpetuarse y no entienden que todo en la vida es un ciclo y que lo que no fluye se contamina. Sus acciones le han quitado por años la oportunidad a nuevos liderazgos, simplemente porque no hacen las cosas como ellos quieres o están fuera de su “roscograma”.

Es increíble que en un pueblo de casi 30 mil habitantes como Flandes, sigan gobernando los mismos seis o siete apellidos. Han puesto en el poder a padres, hijos y hermanos y no se les haga raro que en un futuro lo intenten hasta con los sobrinos; solo quieren perpetuarse a como de lugar, incluso mostrándose como algo nuevo, cuando no son más que lo mismo de siempre.

Ya hay varios que están ubicados en puestos claves de la Gobernación y la Alcaldía, simplemente esperando a que se cumpla el tiempo reglamentario para inscribir su candidatura y así poder dar el salto. Nunca les interesó el bien de la gente, solo darles fuerza a sus nombres y no perder vigencia o recordación entre los electores.

Lo paradójico de todo es que uno de esos “cacicazgos” se creyó extinto en su momento y poco a poco está resurgiendo gracias a quienes actualmente llevan las riendas. La gente aprendió a vivir sin ellos, pero ellos no pudieron seguir su existencia sin buscar el poder una vez más, así las cosas ¿quién necesita a quién?, la respuesta es clara y salta a la vista de todos: no lograron nada y quieren regresar para hacer lo mismo de siempre.

Si en verdad su trabajo fuera altruista, usarían su dinero y no el del pueblo para hacer causas sociales, lo que hacen desde sus cargos es simplemente aquello para lo que fueron puestos allí, administrar los recursos públicos. Dejemos de normalizar que usen a la gente para ganar imagen, no deberían estar en esos cargos desde los que anuncian en secreto su ambición de poder.

La mejor forma de controlar a este tipo de personas, una vez más, es con el voto. En las próximas elecciones, antes de marcar el tarjetón, recuerde que detrás de cada una de esas caras hay una historia y usted puede evaluar si en realidad hicieron algo. ¿Marcaron el cambio que tanto pregonaron o después de tantos años el pueblo volvió a quedar en el mismo punto?, ¡no olvide que usted tiene el poder, no ellos!

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