ESPUFLAN, una responsabilidad que no asumimos

Por: Daniel Hernandez

Como un baldado de agua fría cayó entre muchas personas la propuesta de buscar inversor para salvar a la Empresa de Servicios Públicos de Flandes, puesto que junto al Hospital Nuestra Señora de Fátima (aún conocido como el “Centro de Salud”) son las únicas dos empresas de carácter público en el municipio, es decir, las únicas que les pertenecen a los flamencos.

Buscar y recibir una inversión no sería otra cosa que aceptar la privatización y pérdida de una parte significativa de aquello que le pertenece a la gente y que por culpa de la falta de gestión y manejo eficiente de quienes estuvieron al frente de esta empresa, hoy está en un callejón sin salida, puesto que todos los meses opera a pérdidas.

La Empresa de Servicios Públicos de Flandes (Espuflan) fue creada en 1990 y en su momento se pensó como un organismo que pese a que estaba adscrito al despacho de la Alcaldía Municipal, tiene autonomía administrativa, es decir, no depende del mando central para decidir qué hacer y cómo avanzar en pro de mejorar su calidad del servicio, algo que no llegó como debía.

Basta con mirar las deudas acumuladas por más de 11 mil millones de pesos, la mayor parte por costos de operación y demandas laborales, para darse cuenta de que algo no se hizo bien al momento de administrar este bien que, no sobra repetir, le pertenece en este momento a la gente, así en el futuro todo deba cambiar.

Se necesitan al menos 55 mil millones de pesos para salvar esta empresa, lo ideal sería una inversión superior a los 70 mil millones, y tras esto surge las siguientes preguntas: ¿de dónde saldrá todo ese dinero si el presupuesto total del municipio no cubre ni siquiera la mitad del dinero que se necesita?, ¿de qué forma se manejó Espuflan para llegar a este punto de no retorno?

Pero no todo es culpa de quienes gerenciaron la empresa, que desde 2015 está en manos de la Superintendencia de Servicios Públicos; parte de la responsabilidad también recae en quienes no pagan lo que consumen o buscan formas de hacer trampa. Los flamencos no pagan ni la mitad del agua que consumen cada mes.

Lo que pasa hoy con Espuflan no es más que el resultado de años de mala administración por parte de los gobernantes de turno y los gerentes que pasaron por allí, sumado a la falta de supervisión por parte de la gente a este trabajo y de sentido de pertenencia hacia un bien público que pudo ser la gallina de los huevos de oro y terminó desplumada y servida en bandeja de plata a unos pocos.

Es necesario que este tipo de cosas estremezcan a la gente, porque desafortunadamente es poco o casi nada lo que se puede hacer para evitar la llegada de un inversor. Ahora ya solo queda centrar la mirada en el único bien que quedaría totalmente en propiedad del municipio, el Hospital Nuestra Señora de Fátima. No olvidemos que como dueños de Flandes, es deber de todos supervisar lo que se hace y exigir que sea en búsqueda de un bien real.

Es necesario resaltar que esto no es un ataque a quienes llevan o llevaron las riendas del pueblo, tampoco busca señalar o buscar responsables y mucho menos condenar lo que ya no se puede cambiar. Esto es un llamado para que lo que está pasando siente un precedente que nos haga despertar y ver lo que podríamos ser; es una invitación a pensar en un futuro en el que tal vez algo cambie y ponga la primera piedra de algo mejor para los que vienen.

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