Debemos recordar el orden de las cosas

Es increíble que en pleno siglo XXI todavía existan pueblos en este país para los que servicios públicos tan básicos como el agua y la energía son un lujo; es difícil creer que en muchos lugares se haya vuelto parte del paisaje tener calles sin pavimentar o un sistema de salud deficiente. ¿por qué estamos dejando que este tipo de atropellos sigan ocurriendo, si se supone que cada cuatro años contratamos a alguien para que las cosas mejoren?

Si vemos cada parte del territorio colombiano como una finca, podemos entender que en cada municipio, departamento y hasta para el mismo país, elegimos cada cuatro años a una persona para que la administre y nos ayude a que crezca. Nosotros les pagamos a esas personas con nuestros impuestos e incluso elegimos y le pagamos también a otras para que nos ayuden a vigilar a que todo se haga bien.

Entonces bien, si se supone que este esquema de trabajo debería ayudarnos a que nos vaya mejor y asegurar que el desarrollo de los lugares en los que vivimos sea constante, equitativo y justo; ¿por qué siguen existiendo pueblos en los que el agua y la luz son un lujo? ¿por qué debemos rogar para que nos atiendan en una EPS? y ¿por qué seguimos siendo uno de los países con mayores índices de desigualdad?

Sencillo, porque hemos olvidado el orden de las cosas y dejamos que nos hicieran creer que esos capataces o administradores que elegimos cada cuatro años con nuestro voto, son nuestros jefes, pasando por alto que es totalmente al revés: ¡Ellos trabajan para nosotros, quienes fuimos los que los contrataron, y podemos quitarles ese poder cuando queramos!

Con el tiempo hemos normalizado tener que hacerle fila o bajar la cabeza ante los Alcaldes, Gobernadores, Concejales, Diputados, Congresistas y hasta el mismo Presidente de la República; para que nos ayuden a solucionar necesidades que tienen nuestras comunidades. Esto es como si tuviéramos que rogarle al mecánico para que nos arregle el carro, después de contratarlo y pagarle por sus servicios; teniendo en cuenta que no nos sale para nada barato.

Los funcionarios o servidores públicos han olvidado que su trabajo es precisamente el de servirle a la gente, su deber ser está ligado al compromiso de ayudar a todos los que requieran sus servicios, sin importar si los ayudaron o no en campaña. Basta ya de esa idea de que no podemos exigirles algo si no votamos por ellos en elecciones; por algo son gobernantes de todo un territorio y no solamente de quienes piensan igual que ellos.

También tengamos presente que la crítica, cuando es constructiva y con argumentos sólidos, puede ayudarnos a crecer y es por eso que escuchar a los adversarios genera un entorno de confianza que facilita el crecimiento de las poblaciones a cargo. Deberíamos normalizar la idea de todo gobernante que no produzca resultados, debe salir o simplemente ser vetado para un futuro. Lo malo es que en muchos pueblos todavía siguen contratando a los mismos ladrones.

Con el paso de los años nos han vendido una idea falsa y la hemos aceptado como real, nos engañaron de frente, en algunos casos nos siguen robando y simplemente hemos aceptado todo esto sin preguntar ¿por qué o qué más hay? Hemos aceptado expresiones como “su señoría”, “la autoridad”, “las élites” o “el honorable…”, sin contar la ya tan acostumbrada “doctoritis”; cuando no son más que personas que trabajan para nosotros.
Lo que no sirve, que no estorbe, que se cambie lo que esté funcionado mal, basta ya de obras inconclusas, de rogar porque atiendan necesidades básicas, de quejarnos porque pasan décadas y vemos que todo sigue igual. Es momento de recordar el orden natural de las cosas y que esos dirigentes entiendan que nosotros no trabajamos para ellos y que por el contrario tenemos el poder de exigirles un cambio o de lo contrario les quitamos ese espejismo que llaman poder.

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